ZIFRA
Zona de Intercambio de Fragmentos
El juego, por un lado infravalorado como mero entretenimiento pueril, y por otro componente escencial del capitaloceno (sociedad del espectáculo, timba financiera, gamificación y control algorítmico), incluye también un enorme potencial como dispositivo micropolítico de transformación y práctica espiritual vinculada al cuidado de la vida y la construcción comunitaria. Como práctica simbólica, estética y política que produce mundos posibles, organiza subjetividades y activa modos alternativos de existencia, el juego deviene fundamental en procesos de aprendizaje, comunicación y creatividad. El jugar es una forma instintiva de crear comunidad. Las estrategias lúdicas motorizan nuestra imaginación social, y pueden ayudarnos a seguir con el problema de convivir, resistir y crear nuevos mundos y parentescos en este planeta herido.
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El escenario de ese juego no era una ciudad planificable sino una ciudad de catástrofe climática a ser performada. Los personajes componían sus objetivos de manera aleatoria entre opciones políticas, técnicas y estéticas. Al pacto de seriedad entre tecnócratas y políticos había que responderles con un humor aún más serio, un humor técnico con implicancias políticas.
Texto
Para que haya juego, debe haber una señal que diga: 'esta mordida no es una mordida, este ataque no es un ataque'. El juego es una escuela de la sutileza: exige que los participantes compartan un código de segundo grado, una capacidad dramática de actuar 'como si'.
Texto
El juego es precisamente ese espacio donde las identidades no están fijadas de una vez por todas. Jugar es aceptar que el otro te transforme, es volverse vulnerable y, al mismo tiempo, extrañamente inventivo.
Texto
Reducir el juego animal a un simple 'ensayo para la caza' o un 'ejercicio metabólico' es ignorar su dimensión política. El juego es el despliegue del exceso, de la gratuidad. Es el momento en que los animales, incluidos los humanos, escapan de la tiranía de la necesidad.
Texto
A través del juego, los cuerpos se vuelven disponibles el uno para el otro de una manera que ninguna otra actividad permite. No se trata de dominar, sino de sintonizar; el juego produce una 'antropo-zoo-génesis', un devenir-juntos.